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Lluvia de finales de marzo

Han pasado algunos días de lluvia y el invierno pega sus últimos coletazos. Voy en el metro y entre parada y parada hay un abuelo que se mira el paraguas, negro, de tela, de los de antes, de los largos que no se recogen, y la punta está un poco gastada.

El paraguas parece viejo, pero conserva el tipo. Y es que ya no hacen las cosas como antes. En los últimos dos años yo he comprado tres paraguas, y creedme que aquí no llueve demasiado, pero me los he cargado los tres. Me dio qué pensar el abuelo intentando arreglar la punta del paraguas, porque sí, en ese caso, sí valía la pena arreglarlo. Y es que ya no hacen las cosas como antes.

Mientras tanto, en edificios de hormigón y cristal, sigue la oleada de turbulencias laborales, para el que se va porque se queda sin trabajo y para el que se queda porque asumirá más carga, tendrá más horas de trabajo y menos sueldo. No parece que tenga fin esta espiral de crisis hasta que los poderes ejecutivo, legislativo y judicial no tomen medidas en serio por cambiar el devenir de las cosas. Por mi parte entre ordenadores y teléfonos, asumo todavía más carga, e intento tener ilusión para luchar y seguir adelante, aunque a veces el cansancio pasa factura.

Y llueve, preparando la primavera, los colores, los olores (las alergias también) y la luz. El invierno se va, aunque parece que se resiste a marchar. Llueve. A ver si llueve tan fuerte que se lleva la tristeza, el gris, el egoísmo, el estrés, y el sufrimiento, y empezamos a dar paso al positivismo, a seguir luchando por un mundo mejor y más justo, con dignidad, con alegría y con solidaridad. Ojalá venga una lluvia que se lleve la injusticia y haga limpieza de tanta mediocridad.

El futuro

Las noticias son negativas, cada día hay despidos, EREs y desahucios, injusticias y crueldades. Hace tiempo que decidí que no voy a consumir noticias, que pasan de lo banal a la violencia social más absoluta mediante la creación de un discurso continuo de noticias negativas que sólo generan inseguridad y estrés. 

Y los políticos siguen con lo suyo, aquí no pasa nada. Corruptos, inestables, tendenciosos, miserables… Manifestaciones a diario de miles de personas luchando contra la pérdida de derechos y de dignidad a la que agradeceremos siempre su voz y su grito en la calle. 

El que trabaja sólo puede callar y acatar, mientras le bajan el sueldo y constantemente le recuerdan que es un afortunado de tener trabajo. Esos son los que tienen suerte, porque hay muchísima gente que se ha tenido que ir lejos de su familia, de su mar, de su origen y de su tierra para ganarse la vida. 

En mi entorno recientemente se han quedado en paro gente cercana a la que quiero mucho.   Y les estoy ayudando en todo lo que puedo, y lo que me permiten ayudarles. No tengo dudas que no tardarán en tener entrevistas, quizás tarden algo más en tener trabajo. 

No hay que dejarse vencer por los frenos, hay que despreciarlos, levantar la cabeza y seguir para adelante. Tenemos que luchar todos para salir reforzados de esto. Empezando por no escuchar todas aquellas voces que nos dicen a diario que no podremos. CLARO QUE PODREMOS. Y seremos más fuertes, mejores, más valientes y eficaces. 

Yo he empezado sonriendo, y convenciendo a la de detrás del espejo de la ducha que hoy está estupenda, y que tiene un día lleno de retos por delante. Lucho a mi modo para un futuro mejor, y empiezo conmigo misma, con seguridad, y con una sonrisa por delante. 

Hay un futuro mejor, y todos los esfuerzos que estamos realizando hoy tendrán sus frutos mañana. Porque habrá mañana y será mejor. Cada día es una oportunidad.