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Encuentros y desencuentros

ENCUENTROS

Es una temporada frenética, no paramos de trabajar y apenas queda tiempo para uno mismo. Desde que llegó la pequeña a nuestras vidas todavía hay menos tiempo, pero compensa tener tanta carga, eso es indudable.

A pesar de tener tan poco tiempo, había ido posponiendo revisiones médicas que estaban previstas desde hacía tiempo, y cuando por fin he ido, en una de ellas he vuelto a encontrar a la maravillosa traumatóloga que me operó la rodilla hace 10 años.

Hace 10 años el proceso con mi rodilla provocó mucha crisis en la vida que llevaba hasta ese momento. Todo el proceso de la operación y recuperación implicó dejar de cuidar a mi abuela que se moría de cáncer (y que murió al cabo de pocos meses) e implicó una profunda tristeza y depresión que perduró unos cuantos meses. Y todo ello lo viví con la traumatóloga al otro lado, insistiendo en sonreír y en tirar adelante la recuperación de mi rodilla. También estuvo Él ahí insistiendo en estar a mi lado y luchando para que mañana fuera mejor todavía.

Ha sido una alegría verla, y saber de ella diez años más tarde. Está más guapa todavía, aunque la vida no le ha acabado de ayudar mucho. Pero su sonrisa es la misma y el brillo de los ojos también. Sigue asistiendo a adolescentes, no sólo en traumatología. Ha sido increíble volverla a ver y hacer la revisión con ella.

Por otro lado, después de mucho tiempo, y gracias a Él, hemos conseguido quedar con la amiga que está permanentemente viajando. Ha frenado un momento y nos ha hecho terriblemente felices verla. En su vida ha aparecido un antiguo amigo italiano que lo ha dejado todo para quedarse con ella. Y ella está radiante, y enamorada. Costará más quedar con ella si cabe, pero aunque sólo sea una vez al año, yo pagaría lo que fuera por verla siempre así de feliz.

DESENCUENTROS

El otro lado de la moneda está en la oficina. Hace días que uno de los proveedores, con el que tenía mucha afinidad de repente me mintió en un tema que afectaba al ámbito personal. No había necesidad, supongo que lo hizo por no quedar mal conmigo, pero dolió más la mentira que lo que realmente me hubiera querido decir. No tiene más importancia, quitando que la última reunión con ellos fue de las peores de mi vida.

Por otro lado, una persona con la que trabajé hace tiempo parece que tuvo a un proveedor amenazado y se estuvo aprovechando de la empresa durante los tres años que estuvo allí. Sorprende el maltrato al proveedor, ahora que esta persona se ha ido y el proveedor ha podido hablar, no deja de ser sorprendente las amenazas que han sufrido.

Por último el viernes despidieron a una persona de mi departamento. Era un tema de actitud, se le habían dado indicaciones en varias ocasiones y había hecho caso omiso de ellas. Era una persona complicada, no aceptaba las críticas y era muy maniqueísta, o estabas con él o contra él. Era un poco incómodo trabajar así porque su propia actitud era un condicionan que presionaba.

No me gusta ninguna de las tres historias, pero es mi realidad. Desde luego en el ámbito laboral estoy lejos de ser perfecta, pero me cuesta entender que ocurran estas cosas, intento trabajar con honestidad y lo traslado al ámbito personal. Pienso que a nivel laboral se consiguen mejores cosas con transparencia y sinceridad.

En unos diez días he pasado de la mayor de las alegrías en lo personal a unas cuantas decepciones en el ámbito laboral. Como dijo la amiga viajera, será cuestión de “ponerse una campana en el trabajo, y que te resbale todo”. Porque al final trabajamos para que lo personal crezca y se desarrolle con plenitud.

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No es mi jefe pero…

.. Podría serlo. De hecho, creo que yo sería muy feliz trabajando con y para él. Además se ha convertido en amigo tras tantos años de colaboración. Por este motivo y porque no podemos ahora mismo trabajar juntos, ante su tanteo le he confirmado que no es el momento. No quiero hacerle ninguna jugada, y probablemente la apuesta nos saldría demasiado cara a los dos. Yo no lo permitiría, básicamente no me lo perdonaría.

Él insistió en que necesita gente con mi perfil, cualificada profesional y a nivel emocional para su equipo. Y yo, francamente… Yo me muero de ganas de trabajar con él. Pero nuestra relación empresarial ahora no lo permitiría de ninguna manera y mis proyectos personales están lejos de ir en esta dirección.

Pero lo cierto es que ha abierto una caja de Pandora que lleva tres días soltando gritos y gritos de que llevo toda la vida luchando, formándome, aguantando para un puesto de trabajo como el que me ha ofrecido. Al decirle que en este momento yo no soy rentable, me contestó que valora la profesionalidad, no la rentabilidad. Es un jefe que cuida mucho a su gente, se ha llevado de empresa a empresa a varios componentes de su equipo para llevar los temas más importantes. Eso es creer en un equipo.

Llevo cinco años trabajando con él, pero hasta hace uno y medio no hemos trabajado codo con codo con su equipo. Y hemos trabajado genial, se disfruta mucho estando del lado de cliente si lo tienes al otro lado del teléfono. Es una auténtico privilegio, me siento muy afortunada.

Y sigo sorprendida que alguien de ese nivel me vea lo suficientemente profesional a la altura de valer para su equipo. Y soy afortunada porque tengo trabajo y el otro día me tantearon para otro, no sólo eso sino que además, ofreciéndome ayuda para encontrar otra cosa si me encuentro estancada en mi trabajo y deseo cambiar. No es mi jefe, pero nos tenemos mucho aprecio.

… No es mi jefe, pero me haría la persona más feliz del mundo si lo fuera.

Lluvia de finales de marzo

Han pasado algunos días de lluvia y el invierno pega sus últimos coletazos. Voy en el metro y entre parada y parada hay un abuelo que se mira el paraguas, negro, de tela, de los de antes, de los largos que no se recogen, y la punta está un poco gastada.

El paraguas parece viejo, pero conserva el tipo. Y es que ya no hacen las cosas como antes. En los últimos dos años yo he comprado tres paraguas, y creedme que aquí no llueve demasiado, pero me los he cargado los tres. Me dio qué pensar el abuelo intentando arreglar la punta del paraguas, porque sí, en ese caso, sí valía la pena arreglarlo. Y es que ya no hacen las cosas como antes.

Mientras tanto, en edificios de hormigón y cristal, sigue la oleada de turbulencias laborales, para el que se va porque se queda sin trabajo y para el que se queda porque asumirá más carga, tendrá más horas de trabajo y menos sueldo. No parece que tenga fin esta espiral de crisis hasta que los poderes ejecutivo, legislativo y judicial no tomen medidas en serio por cambiar el devenir de las cosas. Por mi parte entre ordenadores y teléfonos, asumo todavía más carga, e intento tener ilusión para luchar y seguir adelante, aunque a veces el cansancio pasa factura.

Y llueve, preparando la primavera, los colores, los olores (las alergias también) y la luz. El invierno se va, aunque parece que se resiste a marchar. Llueve. A ver si llueve tan fuerte que se lleva la tristeza, el gris, el egoísmo, el estrés, y el sufrimiento, y empezamos a dar paso al positivismo, a seguir luchando por un mundo mejor y más justo, con dignidad, con alegría y con solidaridad. Ojalá venga una lluvia que se lleve la injusticia y haga limpieza de tanta mediocridad.