Miramar

Miramar es un recuerdo algo borroso en la infancia. Miramar era un sitio donde la magia ocurría, siempre acompañada de familia, de mil colores y de mucha luz.

Era un lugar especial, cerca de casa de mis abuelos, a lo alto de la ciudad, con un parque de atracciones, aunque la mayor atracción era tener a toda la familia alrededor.

Miramar era un rato de inmensa felicidad, de domingos con luz y con baile, de ver a mi hermano sonreír sin parar, de dar vueltas y vueltas hasta marearme y siempre caer en los brazos calientes de mi padre, de mi tío o de mi abuelo. Y de no parar de reír.

Domingos de vestidos muy bonitos pero muy incómodos para ser niña. Domingo de comida familiar con un rato de felicidad de regalo para los niños.

Miramar es un recuerdo de inmensa felicidad que espero trasladar a mis hijas con la misma intensidad que lo vivía yo. Así, Miramar se ha convertido en un objetivo diario. Quiero que ellas tengan un momento Miramar cada día, ni que sea de cinco minutos.

Su sonrisa es un regalo, vamos a tener muy en cuenta Miramar a diario, y vamos a intentar mantenerlo a medida que vayan creciendo, hasta que se pueda.

¡Lo prometo!

 

 

 

 

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