Archivo mensual: octubre 2012

El río

Hace poco hemos estado en el pueblo de mi familia con todos los primos, pasando el fin de semana. No tiene nada en particular, quitando que el pueblo antiguo se hundió hace años por la construcción de un pantano.

Subimos hasta la ermita a lo alto del pueblo, hay unas vistas espectaculares de los cauces de los ríos que se juntan para llegar al pantano. Estando allí arriba, de repente, me acordé de la última vez que estuvimos allí con mi padre y mi abuela, y me hicieron imaginar lo que había debajo del agua… El bar de la tía Carmen, casa de tus bisabuelos, el campo de fútbol (y el tío de la barca, que tenía que ir por el río recogiendo las pelotas que iban fuera).

Al volver a estar allí arriba, contemplando las vistas, el campanario de la iglesia que todavía se puede ver por encima del nivel del agua, mentalmente volví a visualizar -esta vez sin mi padre y sin mi abuela – ese pueblo que hay debajo del agua, el bar, el campo de fútbol, la escuela, casa de mis abuelos… Esta historia que es la mía también y la de mi familia, y que me une a esa tierra con un cordón umbilical.

No voy con mucha frecuencia al pueblo, pero de alguna manera comprendo que parte de mis raíces están allí, entre estas aguas, a medio camino entre el pasado y el futuro.

Imatge

El abuelo del sombrero

Hace un tiempo se emitió una serie que se llamaba El Príncipe de Bel-Air (Fresh Prince en versión original). Había un capítulo en el que al protagonista le operaban de algo muy clásico (amígdalas o alguna cosa similar) y coincidía en la habitación con un abuelo que no pasaba por su mejor momento.

El abuelo tenía un sombrero de la suerte, que se le iba cayendo al suelo accidentalmente y así podía disfrutar de las vistas de las enfermeras que amablemente se lo recogían una y otra vez.

Si no puedo ir a yoga entre semana me paso las clases a sábado. Cuando bajo paseando a la clase de los sábados, me cruzo en mi calle con un abuelo que me recuerda mucho al del sombrero de la serie. Desgraciadamente tienen en común que aparentan no gozar de mucha salud, pero mi abuelo siempre va con su puro a las once de la mañana y siempre me suelta “Bon dia, maca! / Buenos días, bonita!”.

Hace un tiempo que no lo veo, y lo estoy echando de menos. No por el piropo, sino por la sonrisa que me regala los sábados. Y nadie me tira el sombrero al suelo.

Me daría mucha pena encontrarme un día su sombrero, pero no volver a oír lo de Bon dia, maca! 

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Querida señora – Eva Hache – El País

Querida señora – Eva Hache – El País

Genial artículo de Eva Hache